Habitantes del sector norte se sienten discriminados Mirando la ciudad desde los barrios

fVecinos realizaron un recorrido por Talca para conocer la comuna más allá del lugar donde viven. El resultado los dejó con un sentimiento de frustración debido a las enormes desigualdades que pudieron apreciar durante el trayecto

Por: Daniel Giacaman Zaror | Diario El Centro | 18 de mayo de 2014

“Vamos a terminar con depresión», repetían incansablemente diversos vecinos de los sectores Faustino González-Parque Industrial y Villa Las Américas durante un recorrido que realizaron la semana pasada por varios puntos de Talca, en el marco del programa Territorio y Acción Colectiva desarrollado por la Escuela de Líderes de Ciudad (ELCI) y por el Centro de Estudios Urbano-Territoriales (CEUT).

Medio en broma, medio en serio, los participantes se encargaban de resaltar las evidentes diferencias que existen entre sus barrios y los sectores más acomodados de la comuna.

La presidenta de la junta de vecinos Las Américas XI, Yesenia Zambrano, lamenta que «estamos como en una balanza, donde para un lado tiran más y para otro menos. Para el barrio norte han ayudado muy poco. En las poblaciones nuevas entregan todo, con sedes, con juegos y con todo, en cambio a nosotros, que tampoco somos tan viejos, no nos dieron nada».

«Hay sectores que están con mejores accesos, con calles más amplias, que tienen áreas verdes; y otros que están más abandonados. Existe mucha desigualdad, hay una brecha muy amplia y al andar por la ciudad se nota bastante», agrega Luis Vásquez, tesorero provisorio de la villa El Parque II.

Una mezcla entre resignación e impotencia al ver que la ciudad crece considerablemente, pero a ritmos desiguales.

«Yo creo que vivíamos más felices hasta antes de hacer el recorrido, porque la verdad es que nos anduvo frustrando el ver las grandes diferencias que hay en algunos sectores demasiado acomodados», sostiene Filomena Díaz, presidenta de la junta de vecinos Villa Parque Industrial.

«Existe como una discriminación. Uno lo siente así al ver la vida de otros, pero igual uno tiene que tratar de hacer más agradable el barrio donde vive. Falta implementarlo mejor, que existan más áreas verdes y sería súper importante tener una sede», afirma Vásquez. Mario Torres, presidente de la junta de vecinos Parque Los Aromos, coincide en que «hay demasiadas diferencias». «En algunas poblaciones pusieron unos columpios o maquinitas y con eso dejaron conforme a la gente, en circunstancias que en otros sectores pusieron juegos de plásticos y toda una infraestructura larga que se extiende por dos o tres cuadras», puntualiza.

«Nos faltan áreas verdes, estamos pidiendo hace años que se reconstruya nuestra sede, que ha sido quemada y se presta para la drogadicción y la delincuencia. No hay señalética, la iluminación es mala… Hay hartas cosas que faltan», añade Díaz.

 

Valoran la cercanía

No todo es negativo para los vecinos de los sectores Faustino González-Parque Industrial y Villa Las Américas. Luis Vásquez explicó que «yo soy de campo, primera vez que vivo en la ciudad, y me gusta. De la casa mía al hospital son 10 minutos caminando, tenemos el terminal, vamos a comprar frutas y verduras al Parque, entonces estamos cerca de todo y por eso estoy contento con el lugar a donde me vine a vivir, pero nos faltan varias cosas y por eso me metí en la directiva».

Asimismo, Mario Torres dijo que «toda mi familia vive en los alrededores y por eso estoy acá. Comparativamente con otros lugares, no es tan amigable este sector, pero la ventaja es que nos queda cerca el terminal, el hospital y, por último, si tomo un colectivo es

 

«NO TIENES CÓMO HACER UN VELORIO»

Un estudio publicado recientemente (ver recuadro) establece que Talca se encuentra bajo el promedio nacional en cuanto a la calidad de vida de sus habitantes. Las diferencias existentes entre los diversos sectores de la ciudad probablemente ayudan a aumentar dicha percepción.

Torres expresa que «acá no hay ninguna entretención, uno no encuentra ninguna plaza donde en el verano se pueda salir y sentarse a leer el diario o donde haya sombra. Los niños y la tercera edad acá están muertos».

Paulo Pino, director de la radio comunitaria Primavera e integrante de la Agrupación De Centros Culturales y Juveniles de Talca, afirma que «la calidad de vida claramente está mermada para los sectores más vulnerables». A su juicio, «todo tiene que ver con cómo está proyectada la ciudad» debido a que los habitantes de poblaciones de nivel socioeconómico más bajo están obligados a vivir con restricciones. «Por ejemplo, las vías de emergencia no son las adecuadas, los pasajes son estrechos y las casas están muy cerca unas de otras y normalmente son pareadas», detalla.

En ese sentido, cuenta que «las veces que hemos tenido la oportunidad de tener a algún seremi de vivienda o director del Serviu en la radio, por lo general ellos se concentran en temas de mejoramiento, pero cuando hemos podido tocar temas puntuales, hemos dejado a las autoridades como Con-dorito, con un ‘¡plop!’ tremendo, porque normalmente les relatamos las falencias que existen en construcción para el barrio norte a diferencia de otros sectores». «Por ejemplo, en la villa Las Américas XI son bloques de departamentos y no tienen vías de escapes.  Si alguna persona fallece en un cuarto piso, no tienes cómo hacer un velorio y hay que conseguirse un departamento en el primer piso o una junta de vecinos cercana para poder realizarlo. En el caso de que exista un incendio, dalo por hecho que se van a quemar dos, tres o hasta cuatro casas», expresa.

 

Bajo el promedio

Talca se ubicó en el puesto 55 entre 93 comunas del país incorporadas en el índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) 2014, elaborado por el Núcleo de Estudios Metropolitanos del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Cámara Chilena de la Construcción.

La capital regional tuvo un puntaje de 43,7, es decir, quedó bajo el promedio nacional que fue de 46,1. Lo mismo ocurrió con las otras dos ciudades del Maulé incluidas en el informe: Curicó (53° lugar con 43,9) y Linares (67° con 41,5).

Si bien Talca tuvo un ascenso de 13 puestos respecto de 2013, su ubicación general se mantuvo igual que en 2002.

 

ENCAUZANDO LA RABIA

El sociólogo del CEUT y de ONG Surmaule, Francisco Letelier, sostiene que la calidad de vida en Talca «es bien dispar dependiendo de la condición socioeconómica de las familias y la localización del barrio: hay algunos sectores que tienen un estándar similar a las comunas ricas de Santiago y otros tienen una calidad urbana muy precaria». «Particularmente después del terremoto; muchos barrios que tenían un buen estándar urbano han quedado muy precarizados puesto que el modelo no consideró la reconstrucción de barrios, sino de viviendas y muchas de las familias salieron a la periferia», especifica el profesional.

Letelier plantea que «las personas tienden a naturalizar la condición de vida que poseen. Esto significa que se terminan acostumbrando al sitio eriazo, al canal sucio, a la ausencia de áreas verdes, etcétera. Viven su vida como si ésa fuera una realidad que no se puede cambiar».

El sociólogo comenta que «en el sector Las Américas, por ejemplo, hemos visto mucha desesperanza con el mejoramiento del barrio, las personas ya no creen que puede ser mejor. Sin embargo, cuando se hacen conscientes de los problemas, cuando comparan sus barrios con otros, se dan cuenta que las cosas pueden cambiar. Al principio surge una rabia, pero si se encauza bien, esa rabia puede convertirse en fuerza movilizadora de acción colectiva y eso es lo que nosotros estamos intentando apoyar».

 

Participación en la toma de decisiones

La coordinadora de la ELCI, Patricia Boyco, afirma que «hay ciertas maneras de construir la ciudad, que es la predominante hoy, donde los ciudadanos no somos consultados. Entonces, si estamos lejos de la toma de decisiones, dejamos que la ciudad siga creciendo de la manera como está y que nuestros barrios sigan quedando con los mismos problemas de siempre».

La antropóloga recuerda que «hace 30 años, a través de mingas y trabajo solidario la gente construía sus veredas, hacía su casa, compraba sus terrenos, los vecinos ayudaban a poner los techos, entonces había una forma de autoconstrucción, pero ahora te entregan la vivienda hecha y con el vecino que te toque». «Hay un momento en esa transformación de la ciudad y del modelo económico en que a los vecinos se nos ha expropiado la posibilidad de decidir cómo queremos construir nuestro barrio y nuestra ciudad.

Nos estamos dedicando a votar cada cierto tiempo por una autoridad, pero no estamos en la toma de decisiones cotidianas y no estamos pensando en que hay otra manera de construir nuestras ciudades y nuestros barrios».

Boyco sostuvo que los ciudadanos que habitan su propio territorio son los que conocen las reales necesidades que existen en su entorno, por lo cual sienten impotencia cuando no son consultados a la hora de decidir, por ejemplo, dónde se instalan las luminarias o un centro de salud. «Eso para un ciudadano es bien denigrante, porque la ciudad se constituye a partir de la voluntad de sus habitantes», asegura.

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