[Opinión] Negociación cupular v/s primarias abiertas: la disyuntiva entre apretar o aflojar el nudo del binominal

REDMAULE / jueves 3 de enero de 2013

Surmaule-LetelierPor: Francisco Letelier, Sociólogo ONG SurmaulePor estas fechas los partidos políticos están en plenas negociaciones para conformar las listas parlamentarias. Estas negociaciones se dan en el contexto del sistema binominal.

Este sistema, instituido por la dictadura militar, provoca dos cosas: primero, la generación de empates políticos artificiales, donde la minoría pesa lo mismo que la mayoría. No son electos quienes obtienen las primeras mayorías, sino que los candidatos más votados de cada lista.

Así, la elección está prácticamente definida antes de llevarse a cabo: será electo “uno de cada lado”. Segundo, provoca que solo algunos ciudadanos tengan la opción de aspirar a representar a sus conciudadanos. Estos privilegiados o privilegiadas deben tener la venia de un partido político, pero además, de un bloque político completo (en Chile hemos conocido básicamente dos: la Alianza y la Concertación). Por lo tanto, en el contexto actual, en una ciudad como Talca, con 230.000 habitantes, solo existen 4 cupos para competir con posibilidades reales.

La negociación para definir los cupos parlamentarios, que ha pasado casi desapercibida durante los últimos 30 años y hemos llegado a considerar como algo absolutamente normal, comienza hoy a ponerse en cuestión.

Claro, porque los chilenos comenzamos a entender que no basta con las movilizaciones sociales ni con la organización ciudadana (ambas imprescindibles) para transformar la realidad, es necesario también disputar el poder formal, pues es allí donde se deciden los temas de fondo: uso de los recursos naturales, presupuestos, impuestos, regulación al funcionamiento de los mercados, reformas políticas, regulaciones a la vida pública y privada, entre otros muchos asuntos.

Dado que es necesario participar del poder formal, la manera en que se definen las candidaturas es una cuestión central. Lo que está ocurriendo es que al entender la importancia de los procesos electorales y al constatar la débil representación de los partidos políticos, a muchos ciudadanos y movimientos sociales nos parece impresentable que, nuevamente, nuestros representantes sean pre – definidos en negociaciones de unos pocos. Conclusión de esto es nuestro llamado a corregir, con la herramienta que hoy tenemos, este binominal que inhibe la democracia: las primarias abiertas.

Las primarias abiertas, si bien no desatan el nudo que dejó la dictadura, sí lo aflojan, permitiendo que los candidatos que aparezcan en la papeleta en noviembre tengan legitimidad ciudadana, es decir, sean capaces de generar un vínculo con las demandas y aspiraciones de quienes buscan  representar. Pero este ejercicio no solo abre la cancha para que nuevos liderazgos emerjan y se expresen, también permite oxigenar la vida de los propios partidos políticos, porque los tensiona para buscar representantes que generen sintonía con las personas, aunque que éstos no necesariamente sean los “poderosos” de cada tienda. Al mismo tiempo, las primarias abiertas favorecen el ejercicio completo de la democracia, dado que genera un espacio de debate y enriquecimiento del espacio público que no se da cuando los candidatos son instalados por negociación.

En la oposición, algunos sostienen que las primarias abiertas romperían los equilibrios políticos, mientras que la negociación asegura “a cada quién lo que le corresponde”. Esta justificación tiene lógica solo desde la óptica de una gobernabilidad muy estrecha y no reconoce que hoy está en juego un bien mucho mayor: la construcción de una institucionalidad legítima y de un país de iguales. Hoy estamos llamados a ser cómplices de un impulso renovador de nuestra política y no a ponerle cortapisas. Todos podemos ganar en este proceso. Podemos regalar más legitimidad a nuestra depreciada política y al mismo tiempo dar piso a una mayoría para las grandes reformas que nuestro país requiere.

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