¿En qué ciudad queremos vivir?

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Una mayor participación de los habitantes del territorio, el reconocimiento de los vínculos urbano-rurales existentes, la importancia de la agricultura y el establecimiento de redes son algunas de la variables fundamentales a considerar para una adecuada planificación de las comunas maulinas


Por Daniel Giacaman Zaror | Diario el Centro | 28 de diciembre de 2014

“Todos de alguna manera tenemos algunos sueños y tendemos a proyectarnos. Que en el camino pasen otras cosas, es otro cuento, pero como personas, como familia o como grupo, siempre tenemos alguna visión de lo que queremos ser… Las ciudades también necesitan eso”, sostiene el arquitecto chileno Rodrigo Díaz.

El profesional, actualmente radicado en México, apunta a la necesidad de una adecuada planificación para lograr un desarrollo urbano sustentable y acorde a las características propias de un territorio y sus habitantes.

«El problema es que esa es una construcción colectiva y las ciudades rara vez se dan el tiempo para mirarse a 20, 30 o 50 años», lamenta el arquitecto.

Díaz, que posee un máster en Planificación Urbana del Instituto Tecnológico de Massachusetts, comenta que «si tú le dices a las personas ‘dibuje la calle que le guste’, generalmente dibujan una cosa distinta a la que viven: con árboles, con grandes áreas verdes, con lugares amplios para caminar, con negocios locales; sin embargo, en la realidad lo que les damos son grandes espacios para automóviles, supermercados, conjuntos cerrados, en fin… Como que no le hacemos caso a nuestros deseos íntimos y terminamos haciendo una ciudad como nos va resultando sobro la marcha».

Díaz fue uno de los expertos que participó a fines de noviembre en Talca en el congreso «Urbano No Metropolitano», organizado por el Centro de Estudios Urbano-Territoriales (CEUT) en conjunto con Revista Bi furcaciones. En dicha oportunidad, uno de los principales temas de con versación fue la gran relevancia que tiene la agricultura en la Región del Maulé y la importancia de generar redes de desarrollo, así como la necesidad de reconocer los vínculos que se establecen con el mundo rural.

La directora de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica del Maulé (UCM), Claudia Concha, recuerda que «históricamente las ciudades del Maulé han centrado su dinámica económica en función del mercado agrícola. En un comienzo fue la hacienda, hoy día os el complejo agroindustrial-forestal».

La académica e investigadora del CEUT añade que «esto ha implicado, por un lado, el intercambio comercial, y por otro, el sociocultural. Este último gravita fuertemente en las formas de habitar lo urbano no metropolitano, en que la vida doméstica y las prácticas socio-culturales de los barrios permiten observar a nivel micro social la persistencia de formas de habitar que se supone que en la ciudad tenderían a desaparecer». Entro estas características, están el hecho de compartir la vivienda con la familia extendida, la crianza de animales y huertas, la percepción del tiempo natural y los patrones de cohesión social tradicional.

En ese sentido. Concha destaca que «en Talca el 75% de la gente almuerza en su casa». «Ese es un dato súper interesante, porque significa que sus trayectos no son largos, entonces podríamos perfectamente crear una red vial, no automotriz sino de bicicletas, pero eso no se está pensando», critica.

Descentralizando la atención

El CEUT es una instancia de investigación generada en alianza entre la UCM y ONG Surmaule, dedicada al estudio de las transformaciones sociales, culturales y económicas en la Región del Maulé desde una perspectiva urbano-territorial.

El subdirector del CEUT, Tomás Errázuriz, destaca que «es probablemente el primer centro de estudios socio-territoriales que se instala fuera de un área metropolitana en Chile. Por tanto, su primer logro es descentrar la atención de la academia hacia otros territorios, en este caso particular hacia el Maulé».

«Probablemente la conclusión más evidente a la que hemos llegado como equipo luego de tres años de intensa actividad en la región, es la gran cantidad de trabajo que queda por hacer». «Cuando un territorio ha sido históricamente desatendido por las ciencias sociales y las humanidades, cuando el capital humano avanzado mantiene un movimiento constante de fuga hacia Santiago y otros centros mayores, cuando los modelos de crecimiento y desarrollo se importan acríticamente, se perpetúa el desconocimiento sobre el lugar en que se habita. Y solo en la medida en que conocemos nuestro territorio y las relaciones sociales que se dan en este, somos capaces de intervenirlo y transformarlo respetando su cultura y su gente», explica Errázuriz.

 

Mirada integral

«Planificar el desarrollo de estas ciudades debe partir por construir una imagen objetivo de lo que queremos, la cual debe ser elaborada entre todos: Gobierno, sociedad civil, sector privado, universidades, etcétera», afirma Francisco Letelier, sociólogo e investigador del CEUT, quien expresa que «en el Maulé, desde los años 70, lo que hemos visto es más bien crecimiento urbano y no construcción de ciudad».

Concha cree que «es necesario que la política urbana deje de ver las ciudades separadas de los territorios rurales». «Las evidencias muestran que una gran proporción del territorio tiene un uso mixto, difícil de separar por categorías tradicionales como campo-ciudad», recalca.

Letelier coincide en que resulta fundamental tener una mirada más integral. «En el Maulé no se pueden pensar las ciudades sin sus entornos agrícolas y rurales», dice el sociólogo, quien agrega que «la integración y la cohesión deben ser desafíos de estos procesos de planificación». Por último, afirma que «es importante la variable ambiental y, crecientemente en el Maulé, la étnica y multicultural».

 

¿Qué pasó tras el 27-F?

¿Se aprovechó la oportunidad generada tras el 27-F? Concha considera que «no hubo un proceso de planificación y de pensar la ciudad. Más bien se le entregó al mercado la construcción y las inmobiliarias hicieron su pega sin un vínculo con la ciudadanía. Ese es un tema que va a tener un costo importante para la ciudad».

«Se pensó en reponer viviendas y no en construir ciudad. No se piensa en que la casa tiene personas que trabajan, que se movilizan, que tienen redes sociales y formas de habitar, entonces se construyen edificios, pero eso no tiene ningún sentido si no se planifica», argumenta la socióloga.

Walter Imilán, coordinador del Observatorio de la Reconstrucción de la Universidad de Chile, afirma que «el proceso que se vivió desde 2010 fue más bien una reproducción de las condiciones que ya se venían produciendo en los últimos 20 años y sobre las cuales ya hay suficiente crítica, reflexión y estudios al respecto».

Imilán cuenta que «lo que hemos visto, por ejemplo, en el caso de Constitución, es que el proceso de reconstrucción implicó la relocalización de población que vivía en el centro histórico hacia la periferia, con problemas de accesibilidad y con una arquitectura estandarizada que es propia de la vivienda social en Chile. Tampoco se desarrollaron nuevas ideas de desarrollo territorial».

El arquitecto Jorge Inzulza opina que en el caso de Talca «el terremoto dejó ‘en pañales’ una ciudad que hay que volver a ‘vestirla’, pero ello requiere de una remirada. En ese sentido, los sitios eriazos de alguna forma dejan ver más allá de la línea oficial y, más aún, una realidad social que hay que reconsiderar desde su interior».

El doctor en urbanismo expresa que la capital maulina «muestra una serie de sitios vacíos que entregarán una imagen futura y renovada una vez que se vayan construyendo. Pero esa imagen no puede ser solo por especulación inmobiliaria como se hace hoy día, debe ser planificada y acordada con su gente».

Inzulza dice que «lo que se está observando en Talca respecto a las nuevas edificaciones y proyectos comerciales ‘de moda’ -cafés, hoteles, etcétera- que se han instalado en los barrios históricos y centro, se parece a lo que ha estado ocurriendo desde hace ya unas décadas en Santiago y que algunos académicos nos atrevemos a definir como gentrificación contemporánea o de tercer ciclo. Entonces, debemos poner atención a este proceso de cambio socio-espacial y ser más proactivos con acciones más que ser simples observadores».

Patricia Boyco, coordinadora de la Escuela de Líderes de Ciudad (ELCI), asegura que «el terremoto 2010 fue la ‘oportunidad’ para profundizar la modernización neoliberal de Talca», aunque agrega que la capital maulina «está en un punto en que puede imaginar su propio desarrollo urbano, de cara a sus barrios y a su conurbación, de manera más armónica, sustentable, solidaria e inclusiva». «Para ello se requiere un nuevo pacto entre el mundo ciudadano y el mundo político», concluye.

Participación ciudadana

Díaz sostiene que «hay que desarrollar un montón de mecanismos en que la gente no solamente opine, sino que se sienta partícipe y asuma como algo propio lo que se está haciendo. Tiene que haber un involucramiento permanente en todas las etapas. Es decir, pensar cómo es la ciudad, cómo va a vivir sus espacios públicos, cómo se va a mover, cómo va a desarrollar los barrios».

El arquitecto reconoce que dicha fórmula «toma tiempo, es engorrosa y consume dinero». «Es algo complicado, pero hoy las ciudades lo requieren», asegura.

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